Emprendiendo el camino

“Emprendedor” palabra de moda en nuestra sociedad, esperanza de los dioses que nos sacará del masivo desempleo, y comodín incierto de situación laboral: ¿En qué trabajas? Soy emprendedor. Es la versión moderna de “soy opositor” pero con más glamour y dinamismo. ¡Dónde va a parar!

Debemos, de partida, definir varias clases de emprendedores:

  • El emprendedor social, que se pasea por todos los saraos “social media” que se precien, presentándose como tal. Le preguntarán cuál es su proyecto y el responderá que no lo puede decir para que no le roben la idea. Luego se acercará a criticar las ideas de los demás porque la suya es única. Pasarán años y seguirá siendo emprendedor de saraos.
  • El emprendedor buitre, ese que posee también “el secreto” (la idea) pero que va más allá. Ha visto en la tele que hay inversores que sueltan millones a jóvenes emprendedores y él no quiere ser menos. Lleva siempre en el bolsillo izquierdo un pendrive con su business plan (previamente enseñado a sus padres, hermanos y primos para ensayar) que mostrará a quien pille desprevenido con cara de millonario. Todos le dicen que ya le llamarán.
  • El emprendedor hiperactivo. Un paso más allá: además de su business plan, se ha creado una página web, escribe un blog sobre la dura vida del emprendedor, persigue a los business angels, tiene toda la colección completa de la revista “Emprendedores”, se apunta a todos los cursos posibles y sus padres le repiten cada día que llegará lejos. Sin embargo no está dispuesto a poner un euro de su dinero, porque la idea es tan buena que deben ser terceros los que le proporcionen tres o cuatro millones “solo para empezar a captar masa crítica”.
  • El emprendedor emprendedor. Es el Homo Sapiens Sapiens de su raza. Es capaz de empezar a sacar su proyecto con poco dinero, trabaja para su sueño repartiendo pizzas o reponiendo “Danones” en el súper. Sabe que siempre hacen falta recursos y que nadie se los va a proporcionar solo por tener una idea, porque las ideas no son más que bases de sueños. Es capaz de sacar adelante su proyecto aunque sea de manera “low cost” con recursos gratuitos, y un poco de dinero y mucho de trabajo.

Un business angel contaba hace tiempo que para confiar en un emprendedor y empezar a hablar le preguntaba cuál era su bien más valioso. Si era su casa le exigía que la hipotecara o la volviera a hipotecar. Si respondía su coche o su moto, pedía que lo vendieran. ¿Qué quiere decir eso? Que es necesario compromiso, además de trabajo -de 24 horas sobre 24- para llevar a cabo un proyecto de emprendimiento empresarial.

Es bonito imaginar ser emprendedor cuando se está soñando plácidamente en un cama. Basta con llamarse así, y en un abrir y cerrar de ojos seremos millonarios. Alguien nos habrá comprado el proyecto sin demasiado esfuerzo porque “nosotros lo valemos” (parodiando, si me lo permiten, un famoso spot de TV).

La prensa, los centros de formación, y la sociedad en general, ensalzan los casos de éxito como si el fracaso no existiera. Ello puede conducir a minimizar la importancia del trabajo bien hecho, del detalle cuidado, de la planificación satisfecha hasta la obsesión, de la cobertura del riesgo con planes “B”, de la investigación exhaustiva, del conocimiento del mercado, etc, etc, etc…

Triunfar es posible, y está al alcance de toda persona con un mínimo de formación, energía, voluntad, fortaleza y sobre todo ambición y capacidad de trabajo. Pero no es sencillo, porque el camino del éxito no está indicado con señales luminosas de neón: hace falta trazar la ruta y asfaltar el camino, con todo el sudor que ello conlleva. En este sitio empezaremos a diseñar ese camino

David Fernández

Periodista. Fundador y CEO de Hipspanomedia.

Puedes seguir a David en Twitter en @davfernandez

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