¿Formación? Si, pero vitalicia

Es habitual escuchar a titulados universitarios decir que lo que estudiaron durante la carrera no les ha servido de nada y que nada tiene que ver con el mundo real. Incluso es fácil encontrar a estudiantes anticiparse de manera poco positiva a su futuro ya afirmar algo parecido a “tal o cual asignatura no me servirá de nada en mi vida profesional”

Si las afirmaciones anteriores tienen algo de fundamento, difícilmente se pueden generalizar para el universo de personas que cursan unos estudios determinados. Y es que el factor personal es fundamental a la hora de evaluar si determinados conocimientos sirven más o menos para una aplicación práctica en el mundo laboral. El éxito de un programa formativo no es responsabilidad única de quien lo imparte; existen varios actores, entre los cuales el alumno es sin duda el protagonista.

ROPO El alumno como actor central en un proceso de formación, debe jugar un papel tanto o  más activo que el papel que desempeña el profesor o facilitador del aprendizaje. Como parte  del proceso, el estudiante ha de ser un demandante inteligente de conocimiento y no  únicamente limitarse a ser un receptor pasivo. Cuanto este hecho se produce, quien recibe la  formación se transforma a su vez en un potente catalizador, dado que estimula a quien  provee el servicio formativo a dar lo mejor de si, dando como resultado una maximización  de la calidad formativa.

 Volviendo al primer párrafo, conviene repensar las afirmaciones mencionadas. Si por el contrario nos planteamos que la formación que recibimos en una carrera universitaria o en un programa formativo riguroso, si que sirve, y mucho,podemos encontrar, entre otros, tres argumentos de peso:

  • Que una formación continuada en el tiempo constituye un potente estímulo intelectual, que sin duda favorecerá un mejor desempeño futuro en la vida profesional de quien se está formando.
  • Que independientemente de que la formación recibida guarde o no relación directa con el trabajo a desempeñar, los conocimientos adquiridos constituyen un recurso de primer nivel cuando se trabaja en actividades y entornos complejos, puesto que en muchos casos son precisamente los conocimientos que aparentemente nada tienen que ver con un determinado problema, los que permiten pensar “fuera de la caja” y encontrar soluciones optimas.
  • Que el estudiante, más allá de los conocimientos, adquiere hábitos, estructura y método. Hoy esto es más importante que nunca, dado que si queremos permanecer profesionalmente activos, nuestro proceso formativo deberá tener carácter vitalicio.

MOOCsQueda clara la importancia de la formación, pero sobre todo es evidente la necesidad de su    continuidad en el tiempo y la adaptación a las necesidades personales y profesionales. Ante  esto,  la respuesta de las mejores universidades de mundo a sido unánime, apostar   decididamente por  los cada vez más conocidos MOOC (Cursos en línea, masivos y abiertos)  y  desarrollar todo una  tendencia en formación de máxima calidad al mínimos coste.

Para finalizar te propongo una pregunta. Asumiendo que piensas como yo y consideras que el tiempo es tu recurso más valioso, mucho más que el dinero, ¿cuál crees que es la mejor forma de invertirlo?

Ángel Valarezo Unda


Cofundador de www.CdeCampus.com

Puedes seguir a Ángel en www.abevu.com o en Twitter: @Angel_Valarezo

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